Impacto de COVID-19 en la industria de empaque: Expectativas distintas ante una misma realidad

Las respuestas a una segunda encuesta reciente realizada por Mundo PMMI a 432 empresarios y profesionales de compañías fabricantes de bienes empacados de América Latina revelan panoramas inciertos y bien contrastantes frente la pandemia del COVID-19.

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Unas semanas después de que entraran en vigor las medidas de aislamiento adoptadas en los países de América Latina como respuesta a la emergencia del COVID-19, Mundo PMMI adelantó una encuesta entre sus lectores, fabricantes de bienes de consumo empacados, en toda Latinoamérica para preguntarles acerca de los impactos que esta tenía sobre sus operaciones.

Ahora, con una segunda encuesta en la que participaron gerentes y directores (100), personal de ventas (80), jefes de operaciones y producción (77), ingenieros (49), diseñadores y desarrolladores de empaque (31), gerentes de planta (31), directores de logística y gestión de la cadena de suministro (24) y cuarenta profesionales más de las áreas de compras y control, quisimos conocer las expectativas que existen hoy frente a un escenario de retorno a una “nueva normalidad”.

Grafico 01Los participantes representan el trabajo de sectores de la industria para los cuales los empaques son fundamentales para el abastecimiento y la satisfacción de las necesidades básicas de la población, como es el caso de los productores de alimentos y bebidas, de bienes para el cuidado de la salud, de productos cosméticos y de cuidado personal, y de otros tipos de bienes de consumo masivo empacados. 

Inicialmente, buscamos información sobre las áreas en las que la pandemia ha tenido un mayor impacto en las empresas, y las respuestas fueron contundentes al centrar las operaciones y la producción como el área más impactada, seguida por la mano de obra y el abastecimiento de insumos y materias primas.

Pero quizás sean las opiniones directas las que mejor describan la situación que enfrenta hoy la industria de procesamiento y envasado de productos de consumo masivo.  En el tema de las operaciones y la producción la magnitud de los impactos varía, como se observa en declaraciones que comprenden desde: “Tuvimos que detener la planta, por la pandemia primero y por no tener suficientes pedidos después”, pasando por “hemos registrado una reducción en las ventas, con la consecuente disminución en la producción”, y llegando hasta un escenario tranquilizador como el que señala un participante al expresar que “la pandemia realmente no nos ha impactado y todo se encuentra dentro lo normal”.

Pero el hecho es que la emergencia de salud que se vive en todo el mundo ha tenido efectos adversos sobre las empresas latinoamericanas productoras de bienes de consumo masivo empacados, que estas sobrellevan con determinación y mediante acciones innovadoras.

En un comienzo, como pudo verse con los datos de la primera encuesta realizada en el mes de marzo, cerca de la mitad de las empresas (42%) consultadas reportaban interrupciones serias en su cadena de suministro, lo que les creaba dificultades con la disponibilidad de ingredientes, materiales de empaque, piezas y repuestos, entre otros elementos esenciales para sus operaciones. Hoy, de acuerdo con las respuestas recientemente obtenidas, los contratiempos con el suministro ocupan un tercer lugar en sus preocupaciones, y son las operaciones y la mano de obra los temas que prioritariamente centran su atención.

De las declaraciones recibidas por los participantes en la encuesta reciente se puede inferir el peso de la mano de obra sobre el desempeño de las empresas: “Nos hace falta ahora personal en todas las áreas”, señaló un empresario mexicano, a lo que se suman casos confirmados de contagio o la reducción del número de trabajadores por condiciones preexistentes de salud o alta vulnerabilidad que obligan a mantenerlos en sus casas. 

Pero quizás lo que mejor resume la incidencia de la mano de obra en la baja de los índices de producción en algunas empresas sea la afirmación de un empresario consultado, quien señaló que “no estábamos preparados para una situación así, en la que salen a relucir todas las debilidades que nos afectan en una cadena de carencias de capacidades del personal, falta de tecnología y los pocos recursos con los que podemos hacer frente a la crisis”.

Tres escenarios para después de la pandemia

La pandemia del COVID-19, con sus contundentes efectos sobre las dinámicas de todos los aspectos de la vida cotidiana, ha sido también un termómetro para medir la salud de las organizaciones y empresas, entre estas las empresas que producen bienes de consumo masivo empacados.

Cuando preguntamos a los participantes en nuestra encuesta por el futuro de sus empresas en un escenario de pospandemia, la respuesta mayoritaria fue “peor que antes del brote del COVID-19”. El resultado es lógico y las razones que lo respaldan están sólidamente asentadas en la realidad: “La demanda tardará en alcanzar los niveles que tenía antes del coronavirus; el poder adquisitivo se encuentra muy deprimido y muchos consumidores, desempleados, comprarán tan solo los bienes indispensables. Nuestros costos siguen una tendencia alcista y tomará un buen tiempo para que la cadena de suministro se normalice”, fue el resumen del panorama previsto por un empresario para el momento en que la crisis haya sido superada.

No solo estas consecuencias enmarcan el panorama de pesimismo para las empresas, el deterioro general de la economía y la amenaza de una recesión, la relegación del desarrollo de nuevos productos a un lugar secundario o la interrupción de los planes de modernización tecnológica son también componentes de este clima de incertidumbre para la mayoría de las empresas consultadas.

Grafico 03 (1) Aunque los hechos confirman que las interrupciones al flujo normal de la producción y el comercio son los factores que definen el panorama general, resulta interesante ver cómo las expectativas ante un escenario posterior a la crisis muestran posiciones que dejan de lado el pesimismo para evaluar el futuro con realismo, e incluso con la esperanza de nuevas oportunidades.

Para un 26,7% de los encuestados, las condiciones esperadas no difieren de las que tenían antes del brote del coronavirus; sus razones son claras y abarcan distintas consideraciones y campos de acción, como lo reflejan los siguientes testimoniales:

-          “Somos parte de la cadena de industrias esenciales, por lo que, en algún momento retomaremos los negocios de la manera habitual”, señaló un empresario, reafirmando el papel que muchos sectores cumplen en el aseguramiento de la vida de los ciudadanos.

-          “Con la reactivación de las actividades económicas, los trabajadores regresarán paulatinamente a sus trabajos, y en poco tiempo la situación podría normalizarse”, es la visión de otro participante en la encuesta de Mundo PMMI. “Probablemente las ventas se mantengan en el promedio de años anteriores”, señala por su parte otro empresario como razón de sus expectativas de una continuación normal de las operaciones  

-          Un pronóstico que complementa otro de sus colegas con un argumento más emocional: “las cosas se recompondrán porque las personas tendrán muchas ganas de trabajar y de salir adelante”.

Los impactos de la pandemia del COVID-19 no han sido iguales para todas las empresas y, por tanto, no son comparables las expectativas que los empresarios puedan albergar para un escenario en el que la emergencia haya sido superada. Pero quizás se trata también de un tema de confianza, de capacidad para enfrentar situaciones adversas o simplemente de puro optimismo lo que haya llevado a un número amplio de participantes en nuestra encuesta de Mundo PMMI a sugerir la idea de que, en un futuro próximo, las cosas van a estar mejor que antes.

Los argumentos para esperar un escenario positivo son diversos y comprenden condiciones que permitan el surgimiento de nuevos nichos de negocio; la obligación que la crisis ha impuesto de trabajar con otros recursos y de otras maneras; la reducción de la competencia en algunos casos; la consideración de la situación como una forma de reinicio, o el empleo de formas nuevas y alternativas de producción y comercialización.

“Las crisis son oportunidades para optimizar los recursos y dirigirlos a donde mejor rendimiento produzcan. Hemos aprendido a hacer las cosas de una manera más eficiente”, afirmó con convicción uno de los encuestados a la pregunta sobre el porvenir de su empresa cuando todas las dificultades actuales hayan quedado atrás.

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